2. El sector eléctrico: una combinación singular de tecnología, economía y regulación legal

Introducción

A pesar de que otros sectores tecnológicos están hoy en día más de moda que el eléctrico, casi todos los días nos llegan, a través de internet, la radio o la televisión, noticias interesantes relacionadas con la electricidad. Afortunadamente, no sólo aparecen nuevos modelos de teléfono móvil o hay cambios en las redes sociales sino que también nos sorprendemos con instalaciones que consiguen obtener energía limpia aprovechando el movimiento de las olas, o con grandes campos de espejos capaces de concentrar energía en una torre para generar electricidad. O se discute el impacto en el medio ambiente del fracking -fracturación del subsuelo utilizando agua a presión para extraer un tipo especial de gas natural-. Además nos enteramos de que las grandes empresas eléctricas toman decisiones estratégicas, compran y venden compañías o deciden inversiones en distintos países. Y se planean modificaciones en el recibo de la luz, que sigue siendo un gran enigma para el ciudadano de a pie que desconoce qué conceptos se incluyen en ese recibo, se discute el déficit tarifario español y también las ayudas a inversiones en energías renovables. Todos estos y otros son temas “electrizantes” que se repiten en los titulares y en nuestras conversaciones. Ampliar contenido

Nos interesa el sector eléctrico, porque la electricidad es una parte esencial de nuestras vidas hasta el punto de que es prácticamente insustituible, tanto en nuestras casas, como en las fábricas o en las oficinas. Y precisamente por eso también es un ingrediente imprescindible para el desarrollo de la economía y, en definitiva, de nuestra sociedad. Un fallo en el suministro de electricidad hace que nos quedemos a oscuras, sin calefacción y afecta al funcionamiento de las fábricas; pero también a las comunicaciones, al abastecimiento de agua, a la conservación de los alimentos y, en definitiva, nos crea graves problemas para el acceso a todos los servicios que necesitamos a diario. Resulta sobrecogedor imaginar, por ejemplo, la zona norte de la costa este de Estados Unidos -incluyendo grandes ciudades como Nueva York y Washington- y parte de Canadá completamente a oscuras durante un apagón que ocurrió el 14 de agosto de 2003, y asusta imaginar las consecuencias que pudo tener para los 55 millones de personas afectadas.

Por otro lado, la ingeniería que se necesita para el abastecimiento de esta electricidad tan necesaria es complicada desde un punto de vista técnico. Las centrales de generación de electricidad necesarias para que podamos utilizar la electricidad son de gran tamaño y tecnológicamente muy sofisticadas, por lo que requieren enormes inversiones. Una central de gas de ciclo combinado -un tipo muy habitual- vale lo mismo que 2000 pisos de tamaño medio. En cuanto a la red eléctrica, es también una grandísima instalación que interconecta países y continentes y, al mismo tiempo, requiere una sincronización exacta en cada momento de la producción y el consumo. Se puede decir, sin exagerar, que el sistema eléctrico es uno de los ingenios más grandes y complejos que hemos creado los seres humanos.

La combinación de un servicio de primerísima necesidad del que difícilmente podríamos prescindir, con las particularidades técnicas que acompañan a su producción, obliga a que las leyes y reglamentos que regulan el suministro de electricidad tengan que buscar un delicado equilibrio entre los intereses de varios agentes. Primero, los de los consumidores, que dependemos críticamente de la electricidad; en segundo lugar, los de las empresas que la utilizan, cuya rentabilidad depende de los precios de la misma; tercero, los intereses de la sociedad en general que tiene en la electricidad un elemento clave de su funcionamiento; y, por último, los intereses de las empresas eléctricas que proporcionan el servicio y operan la parte tecnológica. Obviamente, las decisiones de los gobiernos en este sector tienen un impacto social y político de primer orden, lo que pone sobre el tablero un elemento más que hay que tener en cuenta.

Todo lo anterior convierte al sector eléctrico en un mundo con características particulares. Es una mezcla singular de tres elementos: una tecnología compleja, la economía de un bien imprescindible con un impacto muy alto en la actividad productiva y una regulación legal que trata de armonizar los dos ingredientes anteriores. Este artículo es una pequeña visita guiada en la que se presentan los rasgos más característicos de estos tres elementos y las relaciones entre ellos, para dar las principales pistas que permiten entender este sector complejo, apasionante y tan importante para nuestra vida.

Sumario
Autor
Efraim Centeno Hernáez

Director del Instituto de Investigación Tecnológica de ICAI (Universidad Pontificia Comillas).  Ingeniero Industrial del ICAI (1991), Especialista Universitario en Técnicas de Investigación (1994) y Doctor por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid (1998). Durante el curso 96-97 fue Profesor Asociado en el Área de Ingeniería Eléctrica de la Universidad Carlos III de Madrid. Actualmente es profesor en el Departamento de Ingeniería Eléctrica de ICAI e investigador en el Instituto de Investigación Tecnológica. Ha participado y participa en diversos proyectos a nivel nacional e internacional sobre Modelos de Análisis Técnico y Económico de los Sistemas y Mercados Eléctricos y sobre Sistemas de Ayuda a la Decisión en el Sector de la Energía.

Documentación